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Niñez
guatemalteca y afgana
Por Rosalinda Hernández Alarcón*
A propósito del 1 de octubre, Día de la Niñez en
Guatemala, además de manifestar mi solidaridad con millones de
niñas y niños, quienes carecen de una vida digna en este
país, en estos momentos es imposible dejar de recordar a sus iguales
afganos y paquistaníes. Esa niñez a la que gobiernos militaristas
mantienen con altos riesgos en su vida diaria y después de la declaración
de guerra de Bush aumenta su indefensión con próximos éxodos
masivos y ataques indiscriminados.
En un recorrido reciente
a Ixcán observé las grandes carencias que viven cientos
de infantes, cuyos padres también salieron al refugio provocado
por la política castrense de tierra arrasada de principios de los
años ochenta. Además de la huida, sufrieron la llamada guerra
psicológica, bombardeos e intimidación cotidiana.
Para los equipos
de salud mental de esa zona selvática, después de años
de trabajo, todavía no dan cuenta de resultados, más allá
de conocer pormenores de la problemática que encierra la salida
violenta del país a causa de la guerra, así como las vivencias
de hostigamiento y represión militar durante años.
Antiguas niñas
y niños refugiados guatemaltecos cargan sobre sus espaldas complejas
problemáticas psicológicas. Entre ellas los patrones de
agresión que reproducen contra sus hijas e hijos. Si las secuelas
del éxodo obligado se van diagnosticando lentamente, la sanación
tardará aún más. Hoy siendo adultos, algunos pocos
recién la están iniciando.
En este país,
al igual que en ambos países árabes referidos, la niñez
padece desnutrición y hambruna, escolaridad muy baja, además
escasas luces de cambios que le favorezcan e incluyan apoyos que superen
una ración precaria de alimentos.
Aquí los índices
de pobreza no disminuyen y como efecto de la declaración de guerra
de Bush, los apoyos económicos destinados en particular para la
niñez de seguro tendrán recortes.
Allá los conglomerados
de campamentos de refugiados llevan una vida infrahumana y como consecuencia
de la declaración de guerra de Bush, un nuevo éxodo infantil
junto a sus progenitores superará el millón y medio de personas,
según cálculos de Naciones Unidas.
Este primero de octubre
hagamos patente nuestra solidaridad con la niñez guatemalteca al
igual que la afgana y paquistaní. Ambas fueron y son acechadas
por los tentáculos militares de Estados Unidos por declarar una
guerra terrorista contra todo espacio y población que considere
enemigo, con la única justificación que le da la prepotencia
de sus arsenales.
En este marco, vale
sumarse a las acciones de la Red Internacional de Mujeres contra la Guerra
y la Venganza. En esta capital, artistas y mujeres realizaron ya una primera
manifestación a favor de la paz --aunque pequeña-- de seguro
habrá nuevas convocatorias.
Niñas y niños
merecen un tributo por parte de quienes rechazamos la posición
bélica de Bush, la que desgraciadamente ha encontrado eco en otros
gobiernos. Que cualquier medio masivo de comunicación se abstenga
de publicitar los catálogos armamentistas. No más anuncios
bélicos que distribuye la CNN en todo el mundo. Sí a una
vida digna para la niñez.
* Periodista mexicana
radicada en Guatemala, e integrante de la Red de Periodistas de Guatemala,
y la Red de Periodistas México, Centroamérica y El Caribe.
Fuente:
CIMAC
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