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Las
Grietas de Norteamerica
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Norteamérica, unida por el dolor
Prevalecerá y fortalecerá a la sociedad
Por Sonia del
Valle, enviada, (tercera de nueve)
Nueva York, OCT 12, 2001 (CIMAC).- El 11 de septiembre el odio cambió
nuestras vidas. En respuesta, millones de personas han mostrado su generosidad
y su profundo sentido de unidad. Esa frase se puede leer una y otra
vez en los diarios y revistas de esta ciudad, al mismo tiempo que se transmiten
comerciales en la televisión donde aparecen personas de todas las
nacionalidades, razas y religiones diciendo: Yo... soy americano.
Este es el rostro del espíritu de América.
Tras el colapso de las Torres Gemelas, lo primero fue buscar a los sobrevivientes.
No todos podían hacerlo, pero sí podían ayudar a
quienes lo hacían. Alrededor de los centros de ayuda como el del
Ejercito de Salvación o la Cruz Roja se congregaron miles de personas
para donar víveres, otras más hicieron filas por horas para
donar sangre en los hospitales de la ciudad, mientras cientos de voluntarios
de todas las
nacionalidades, principalmente latinos, acudieron a trabajar por las noches
a la llamada Zona Cero, para sacar escombros en cubetas que pasaban de
mano en mano.
Una de las que acudió a la Zona Cero, es Pola Díaz, mexicana
que desde hace 16 años pertenece al Grupo de Rescate Internacional
19 de septiembre, mejor conocido como Los Topos. Ella, junto con otros
nueve hombres, llegaron a los dos días del atentado.
Han trabajado por las noches, primero en la localización de sobrevivientes
y ahora en remover escombros y la búsqueda de cadáveres
en los restos de las Torres Gemelas.
Nunca habíamos visto nada como esto, señala
al referirse, sobre todo al número de personas que murieron tratando
de salvar a otras personas. Estos son los héroes de América,
más de 300 bomberos y rescatistas que perdieron la vida al momento
en que se colapsaron los edificios. Igualmente se crearon grupos de ciudadanos
que se encargaron de buscar alojamiento temporal para las personas que
vivían cerca de las Torres Gemelas o para quienes no pudieron regresar
a sus casas la noche del 11
de septiembre, dado que los puentes y el ferry que llevan a Brooklyn,
Queens o Long Island estaban cerrados.
En tanto, grupos de mujeres llegaban a los centros de ayuda con comida
preparada para los rescatistas, los policías y bomberos que trabajan
las 24 horas en los escombros de las Torres Gemelas, buscando sobrevivientes.
Bertha Alvia, tiene 30 años viviendo en esta ciudad, aunque nació
en Ecuador. Cuenta que lo primero que hizo, junto con su amiga Daisy Sinaragua,
fue preparar comida para los rescatistas. Preparamos unas ollas
grandes de habichuelas, espagueti, pavo y las trajimos al Ejército
de Salvación. Desde ahí salen brigadas de personas
que llevan los platos de
comida para quienes trabajan en la Zona Cero.
Una semana después del atentado, abiertos los accesos a la ciudad,
así como restablecidas las rutas aéreas, llegaron de todos
los puntos del país mujeres y hombres, a ofrecerse como voluntarios
para canalizar o brindar sus servicios médicos sociológicos
y de consejería para quienes padecían de alteraciones nerviosas
o tenían síntomas postraumáticos.
Ahora se han canalizado a las personas a instituciones como el Mercy Corps,
especializado en dar consejería y ayuda sicológica, especialmente
para los menores, y la Organización Nacional para la Asistencia
de las Víctimas.
Al pasar los días, por más esfuerzos que se realizaban en
la zona de desastre no se encontraban sobrevivientes, los voluntarios
comenzaron a recibir por parte de las familias de los desaparecidos las
pruebas que solicitaba el servicio forense para la identificación
de los cadáveres o partes de éstos.
Se clasificaron cepillos de dientes, de cabellos, actas de nacimiento,
identificaciones oficiales y se abrieron expedientes de más de
cinco mil personas. 15 días después del atentado comenzaron
a expedir los certificados de defunción.
Durante todo este tiempo, la ayuda económica no se hizo esperar.
Artistas y cantantes organizaron el Teletón. Un Tributo a los Héroes,
que recolectó 100 millones de dólares. Se crearon el Fondo
de Ayuda de Desastres de la Cruz Roja que ha recabado 190 millones de
dólares: el Fondo 11 de Septiembre de la Fundación The United
Way, que cuenta con más de 110 millones de dólares; el Fondo
de las Torres Gemelas, el Fondo del Centro Mundial de Comercio, el Fondo
de Ayuda para los
Bomberos 11 de Septiembre, el Fondo de los Héroes de América.
En total, se estima que la sociedad norteamericana ha recabado más
de 700 millones de dólares. Todo este dinero está en proceso
de ser entregado a las familias de las víctimas y sobrevivientes
del atentado terrorista.
El espíritu de América se puso a prueba. Para muchos, éste
venció a los terroristas, prevalecerá y fortalecerá
a esta sociedad; para otros, se desvanecerá por el sonido de las
bombas que desde hace cinco días caen en suelo afgano, toda vez
que se ha hecho justicia, Dios bendiga América.
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Los
costos y sacrificios de la guerra
Por Sonia del
Valle, enviada
Nueva York, OCT 15, 2001 (CIMAC).- Al mismo tiempo que no quiero
que mi papá vaya a la guerra, estoy dispuesta a entregárselo
para luchar, fueron las palabras que escribió una niña
de cuarto año de primaria --cuyo padre está en el Ejército--
al presidente George Bush, las cuales éste leyó a la nación
el día que anunció el bombardeo a Afganistán.
Y el presidente señaló: Este es un regalo. El regalo
más grande que la niña puede dar. Esta niña sabe
qué significa ser de América. Desde el 11 de septiembre
una generación entera de jóvenes americanos tienen un nuevo
conocimiento sobre el valor de la libertad, sus costos y sacrificios.
Pero las palabras de esta niña no fueron las únicas que
apoyaron el bombardeo de Estados Unidos a Afganistán. En los restaurantes,
en las esquinas, en el Metro, las personas expresaban que ya era
hora; que Estados Unidos se había tardado en reaccionar
contra los terroristas. Otros, gritaron vamos a derrotar a
esos bastardos y levantaron el puño en alto en señal
de victoria, al conocerse el domingo 7 de octubre la noticia del bombardeo
de Estados Unidos a Afganistán.
Y como entonces, el día de ayer, los trabajadores de la llamada
Zona Cero, lugar donde se encontraban las Torres Gemelas, levantaron su
puño, rindieron homenaje a las víctimas del atentado y recordaron
que frente a la tragedia vivida y la maldad de Osama Bin Laden, sólo
hay una respuesta: la guerra.
Este es el rostro de un país no sólo en guerra sino en alerta.
Las manifestaciones de la misma se dejan ver en los cientos de soldados
apostados en el Parque Battery, a unas cuadras de lo que fuera el complejo
de edificios del Centro Mundial de Comercio; también se siente
en las minuciosas revisiones que hace la policía cuando se cruzan
los puentes hacia Brooklyn, New Jersey, Staten Island o Queens.
Así, mientras en el otro extremo del mundo la respuesta al terrorismo
se hace con misiles, en esta ciudad la libertad no puede darse por sentada.
Prevalece el estado de alerta máxima ante un posible ataque terrorista
con armas biológicas. Ello ha llevado a reforzar las medidas de
seguridad para entrar incluso a los museos, los hoteles de lujo y hasta
el zoológico. Entrar al Empire State equivale a pasar más
de tres horas en la fila
esperando las minuciosas inspecciones de los cuerpos de seguridad. Y el
75 por ciento de la población está dispuesta a ceder algunas
de sus libertades a cambio de su seguridad, de acuerdo con las encuestas
publicadas en los medios de comunciación.
Aún más, el estado de guerra en esta ciudad también
se porta. Las personas llevan puesta orgullosamente una camiseta que se
vende en las esquinas con el rostro de Osama Bin Laden y la leyenda, se
busca vivo o muerto o una con la inscripción: América
responde y en la imagen unos misiles cayendo en suelo afgano. Cada
una vale tres dólares, dos por el precio de cinco.
Al lado del estado de guerra, está la alerta sobre los casos de
Antrax aparecidos en los últimos días. El más reciente
es el de un empleado de la cadena de televisión NBC.
Los especialistas han comenzado a informar a la población que deben
estar vigilantes y preparados ante cualquier eventualidad. Esta será
un manera de vivir en adelante.
Por su parte, el secretario de salud norteamericano, Tommy Thompson, señalo
este fin de semana que siete mil equipos médicos y cuatro mil toneladas
de medicamentos están en alerta para ser utilizados ante un eventual
ataque terrorista.
Explicó en entrevista con la cadena de televisión Fox, que
si bien las personas deben estar vigilantes, deben saber que el gobierno
norteamericano cuenta con dos millones de dosis contra el virus de la
viruela y dos millones y medio de vacunas contra el virus del Antrax.
Dijo que este último no es mortal, y que se puede contrarrestar
una vez que los primeros síntomas han aparecido, por lo que la
población debe estar tranquila y confiada que la nación
está preparada.
Y como dijo el presidente George Bush, en su mensaje del domingo 7 de
octubre, día en que comenzó el bombardeo a Afganistán,
en los meses por venir, nuestra paciencia será nuestra mayor
fortaleza. Deberemos tener paciencia y entender que llevará un
tiempo alcanzar nuestras metas y comprender los sacrificios que ello conlleve.
Al lado del presidente, el 85 por ciento de la población norteamericana,
más de 40 naciones que han dado la autorización a Estados
Unidos para hacer uso de su espacio aéreo y su territorio en la
guerra contra el terrorismo, y la consigna de que la paz y la libertad
es un deber que conlleva sacrificios.
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La
bandera norteamericana, presente en ropa y accesorios en señal
solidaria
Por Sonia del
Valle, enviada ( sexta de nueve)
Nueva York, OCT 16, 2001 (CIMAC).- Banderas de todos los tamaños
inundan la ciudad. Las casas, comercios, los autos, los aparadores de
los grandes almacenes levantan la bandera norteamericana en señal
de unidad, patriotismo y solidaridad. En las 13 estrellas blancas con
fondo azul, y las rayas rojas y blancas está el símbolo
de la patria que hoy defiende su libertad, su democracia y, por supuesto,
un estilo de vida. Este el rostro de una nación que no se dejó
vencer. Las personas colocaron orgullosamente la bandera de América
en casas y negocios, unos en solidaridad, otros en señal de duelo
y los más en señal de unidad. José Cruz Balleme,
de Guinea Ecuatorial, porta en la solapa del traje una bandera que compró
en una de las esquinas de esta ciudad. Lo hace en solidaridad con
el pueblo norteamericano, señala.
En tanto, Marie Shenon, estudiante de fotografía de la universidad
de Nueva York, viste pantalones con el dibujo de la bandera y una camiseta
blanca. Me duele lo que pasó, estoy profundamente consternada
y cuando me pongo estos pantalones siento como si le dijera al mundo que
América sigue en pie.
Cualquier restaurante, no importa el tipo de comida que ofrece a sus comensales
cuenta con una bandera en sus ventanas y en sus paredes. La bandera
significa estar en contra del talismán (sic),
menciona un salvadoreno que ofrece pupusas en un restaurante en el Harlem
hispano. Su nombre es José Acosta.
Del otro lado de la ciudad, una manta con la leyenda Nos recuperaremos,
fue colocada en los escombros del Centro Mundial de Comercio, a su lado
una bandera norteamericana ondea a lo alto y si uno levanta la vista hacia
la parte alta de Manhattan puede observar de noche los colores azul, blanco
y rojo, que iluminan el ahora edificio más alto de la ciudad el
Empire State.
El azul, el blanco y el rojo son los colores de esta América que
se recupera tras el atentado terrorista del pasado 11 de septiembre. Son
los colores que se portan en camisetas, zapatos, cinturones, sombreros
y todo tipo de accesorios, porque la recuperación de América
también pasa por recuperar la economía de la ciudad, tal
como pidiera el alcalde Rudolph Giuliani a los neoyorquinos. Y así
se hizo.
Los grandes almacenes como Macys o Bloomigdales han puesto a la venta
creaciones exclusivas con los colores de América, para que las
personas vayan de shopping, pero por una buena razón.
La recuperación de la ciudad.
Entre los objetos que uno puede encontrar está el libro de cabecera
azul y blanco o el diario que cuestan 15 dólares. Ambos vienen
con un marcador de libros en forma de estrellas azules y rojas y una pluma.
Este tipo de objetos puede ser utilizado, tal como señala el promocional,
para escribir crónicas de los eventos recientes, una especie de
terapia ocupacional. También se puede encontrar a la venta los
símbolos de la esperanza, de los diseñadores Ceciles y Jeanne.
El diseño es una paloma de la paz en
plata que cuesta 78 dólares. Una de ésas la porta elegantemente
la exprimera dama de la nación Hillary Clinton y la exsecretaria
de Estado Madeleine Albright.
Aunque si lo que se quiere es algo más patriótico, se ha
puesto a la venta un prendedor en cristal de Swarovsky en forma de corazón,
en el que sobresalen el rayado de la bandera y las estrellas.
Tiffany, por su parte, sacó de su inventario una bandera norteamericana
confeccionada en diamantes, rubíes y zafiros, que ha llamado El
hogar de los más valerosos, haciendo alusión a los
héroes de esta América que hoy portan orgullosamente el
uniforme de bombero y policía.
Para lo menores, la empresa de juguetes Hasbro ha puesto a la venta sus
nuevos modelos de muñecos GI Joe, en sus versiones de policías
y bomberos, al lado sus patrullas y camiones de rescate. Desde 1969, la
colección de muñecos de aventuras de GI Joe, está
relacionada con el honor, el coraje, el respeto y el servicio que representan
para los menores estos juguetes.
Y para quienes tienen un perro en casa, Ella Dish diseñadora de
accesorios para mascotas, ha sacado a la venta, a manera de homenaje a
los perros que trabajaron junto con los rescatistas en los primeros días
después del atentado, una correa para este tipo de mascotas finamente
decorada con estrellas y rayas rojas y azules, la cual se puede comprar
a 40 dólares.
Todo ello sin olvidar que en las calles aledañas al Centro Mundial
de Comercio decenas de vendedores ambulantes ofrecen prendedores de metal
en forma de banderas a dólar; fotografías de las Torres
Gemelas a 15 dólares; camisetas con la leyenda Yo amo a Nueva
York, a cinco dólares; bufandas y guantes con el dibujo de
la bandera para el invierno y mascadas para la cabeza, cualquiera a cinco
dólares. La idea de recuperar la ciudad también pasa por
estar a la moda.
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Grave
el panorama económico después de los atentados terroristas
Ascenderá a 150 mmdd en los próximos dos años
Por Sonia del Valle, enviada (séptima de nueve)
Nueva York, OCT 16, 2001 (CIMAC).- El impacto económico en los
próximos dos años, luego del atentado terrorista del pasado
11 de septiembre, ascenderá a 150 mil millones de dólares,
de acuerdo con la información proporcionada por el gobierno de
la ciudad.
Ese impacto incluye
34 mil millones de dólares por daños a inmuebles, tanto
por la pérdida de las Torres Gemelas, como los daños a los
edificios aledaños y 60 mil millones de dólares en costos
económicos. Adicionalmente el alcalde de la ciudad, Rudulph Giuliani,
señaló esta semana que el atentado le costó a la
ciudad un mil millones de dólares en impuestos; en tanto que la
cifra de personas desempleadas se elevará a 100 mil para junio
del próximo año.
Hasta el momento han solicitado 17 mil personas los beneficios del seguro
de desempleo. Los trabajadores más afectados son sobrecargos de
las líneas aéreas, trabajadores de restaurantes, bares y
vendedores de tiendas, boutiques y almacenes de ropa.
Por otra parte, de acuerdo con información publicada en el New
York Times, el sucesor de Giuliani, que se elegirá en noviembre
próximo, deberá hacer frente a un déficit presupuestario
de alrededor de cuatro mil millones de dólares que se requerirán
para recuperar la economía de la ciudad.
Por su parte, el sistema de Naciones Unidas, a través del departamento
de Asuntos Económicos y Sociales, dio a conocer una evaluación
preliminar sobre el impacto económico en el mundo, del atentado
terrorista del 11 de septiembre.
El documento apunta que si bien "hasta la fecha no sólo es
difícil hacer un análisis del impacto, dado que se desconoce
la duración y los efectos de la campaña militar lanzada
por Estados Unidos contra el terrorismo, se puede hablar de las distintas
dimensiones económicas del atentado". La primera de ellas,
señala, es el costo de la destrucción. En un solo día
se perdieron 40 mil millones de dólares, ello sin tomar en cuenta
el costo de las vidas humanas que se perdieron que no puede medirse en
términos económicos.
Al costo de la destrucción hay que agregar la devastación
de la infraestructura en Afganistán, el número de personas
desplazadas y la ayuda humanitaria.
La segunda dimensión, apunta Naciones Unidas, es el costo por la
interrupción de la economía. "El incidente causó
un impacto directo en algunos sectores como el de turismo, aerolíneas,
seguros, agencias de viaje, que bajaran sus estimaciones de ganancias
en más de 10 puntos porcentuales al cierre del año".
Las estimaciones económicas también apuntan a una reducción
de las tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto de los países.
En promedio, a mediados de este año se tenía una estimación
global de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2.4, después
del atentado se prevé que el crecimiento no rebase el 1.4.
En el caso de Estados Unidos se estimaba que su tasa de crecimiento el
PIB fuera del 1.8, ahora llegará al 1.0; el caso de la Unión
Europea la estimaciones se preveían en 2.7, luego del atentado
llegará al 1.0. Para las economías latinoamericanas se estima
que ningún país crecerá más de 0.8 por ciento.
De acuerdo con los economistas de Naciones Unidas un factor clave para
el funcionamiento y crecimiento de la economía, es la confianza,
la cual se perdió después del atentado, dada la incertidumbre,
primero de la respuesta de Estados Unidos y segundo la magnitud de la
ofensiva militar y sus consecuencias.
"La confianza es clave para el desarrollo de nuevas inversiones y
el consumo de servicios y productos, pero la pérdida de la misma
no sólo se deriva del atentado en sí mismo, sino de la incertidumbre".
Incertidumbre, que crece frente a un inminente ataque terrorista con armas
biológicas.
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Cuando
el cartero toca a la puerta, el terror aparece
Por Sonia del
Valle, enviada (octava parte de nueve)
Nueva York, OCT 18, 2001 (CIMAC) (Octava parte).- Ha pasado más
de un mes desde el atentado terrorista del 11 de septiembre y la pesadilla
parece no terminar. En los medios de comunicación se puede leer
casi todos los días un caso nuevo de ántrax. La palabra
se ha vuelto una de las más pronunciadas y el temor aparece cuando
el cartero toca a la puerta.
Tan sólo ayer
se reportaron 122 casos de cartas o paquetes sospechosos. Ello sin tomar
en cuenta que el cartero llegó hasta las puertas del Senado y a
los medios de comunicación de esta ciudad.
En respuesta el alcalde
de la ciudad, Rudolph Giuliani, hizo un llamado a la población
a mantener la calma.
En conferencia de
prensa Giuliani señaló que un ataque terrorista masivo a
la ciudad con ántrax es un riego "bastante bajo" y dijo
que más de 500 personas se han hecho las pruebas de laboratorio,
las cuales han resultado negativas.
Pero la alarma continuó.
Ayer, en la calle 40 y la segunda avenida hubo gran conmoción y
revuelo, tras reportarse la existencia de polvo de ántrax en las
oficinas del gobernador George Pataki, las cuales fueron evacuadas y cerradas
temporalmente.
De acuerdo con la
información proporcionada por el departamento de policía,
también los medios de comunicación ha sido blanco de este
tipo de incidentes.
El primero que se
registró fue el viernes de la semana pasada y hasta el momento
es el único caso que ha dado positivo en las pruebas de
laboratorio.
Se trata del asistente
personal del periodista Tom Brokaw de la cadena de televisión NBC,
quien se contagio con el virus luego de abrir una carta fechada el 18
de septiembre.
El New York Times
cerró parte de sus oficinas después de que se regó
el polvo que contenía una carta dirigida a la periodista Judith
Miller. Las pruebas de laboratorio indicaron que el polvo no era ántrax.
La cadena de televisión
ABC, el New York Post, Newsweek, Bloomberg News Service han reportado
haber recibido cartas cuyo contenido es un polvo fino y obscuro, por lo
que aquellos empleados que tuvieron contacto con las mismas han tenido
que realizarse los exámenes de laboratorio para comprobar si contrajeron
el virus. Hasta el momento ninguno ha sido positivo.
Después de
haberse reportado cartas con polvo sospechoso en estos medios de comunicación,
la policía realizó inspecciones y chequeos a las redacciones
del diario Daily News, las oficinas de CNN y Fox News y las de Associated
Press. Hasta la fecha no se ha reportado ningún incidente.
¿Pero qué
es el ántrax?
El ántrax
es causado por una bacteria conocida con el nombre de Bacillus Anthracis.
Esta bacteria puede infectar los pulmones, la piel y el sistema gastrointestinal.
Los síntomas aparecen por lo general entre 12 horas y cinco días
después de la exposición a la misma. La enfermedad no es
contagiosa y la vacuna para tratar la enfermedad es bastante efectiva.
En la pagina web
del Departamento de Control y Prevención de Enfermedades de Estados
Unidos se explica que son tres las formas de contagio. Una de ellas, la
más peligrosa, es a través de la inhalación de las
esporas de ántrax.
Inhalar el ántrax
causa una severa infección en los pulmones, lugar donde la bacteria
comienza a germinar y liberar sustancias tóxicas que van matando
las células de los mismos, por lo que posteriormente este fluido
tóxico llega al torrente sanguíneo, lo que causa dificultad
para respirar y bloquea el suministro de oxigeno. Finalmente la persona
tiene un paro respiratorio, entra en coma y muere.
Siempre que se diagnostica
a tiempo, la persona que ha inhalado las esporas puede salvarse, sin embargo
la mayoría de este tipo de casos que se tienen registrados han
sido fatales.
La segunda vía
de contagio es la gastrointestinal. Por lo general la persona se infecta
cuando ingesta carne contaminada de animales infectados. Esto produce
un sangrado interno en el estomago lo que envenena la sangre. Sin el debido
tratamiento con antibióticos, la enfermedad puede causar la muerte
de la persona.
El tercer tipo es
el ántrax cutáneo. Es el tipo más común, dado
que el 95 por ciento de los casos registrados de ántrax en el país,
han sido cutáneos.
Este tipo de ántrax
se esparce en la piel cuando la persona entra en contacto con el tejido
infectado de algún animal. Aparece como una lesión en la
piel semejante al de una picadura de mosquito con una costra negra. Esta
enfermedad produce dolores de cabeza, fiebre, nausea y vomito.
A pesar de la alarma
que ha causado el tema del ántrax lo que ocupa las primeras planas
de los diarios y la televisión, relegando cualquier información
relacionada con el bombardeo en Afganistán a un segundo plano,
una persona debe inhalar entre ocho mil y 10 mil esporas para poder contraer
la enfermedad.
De acuerdo con los
expertos entrevistados en los medios de comunicación, "los
terroristas no pueden simplemente abrir un frasco de esporas de ántrax
en el Metro o rociarlas en la ciudad e infectar a miles de personas. Crear
la bacteria en forma de polvo requiere de un procedimiento altamente sofisticado,
que no puede hacerse en laboratorios caseros".
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Las imágenes de la pérdida, en la memoria de los estadounidenses
Por Sonia del Valle, enviada
Nueva York, OCT 19, 2001 (CIMAC / Novena y última parte).- Las
fotografías de quienes perdieron la vida en el atentado terrorista
del pasado 11 de septiembre poco a poco comienzan a desaparecer de entre
las paredes donde fueron colocadas.
Las miles de hojas
con las fotografías de personas desconocidas para la mayoría
quedaron registradas en los diarios, en las paginas de Internet, en las
cintas de video de las cadenas de televisión o en la memoria de
quienes se detuvieron a conocer los rostros detrás de las cifras.
Estos rostros eran las imágenes de la pérdida.
A 38 días
del atentado terrorista, la imagen de la pérdida no sólo
se refleja en esos rostros o en el hecho de que las Torres Gemelas, uno
de los símbolos de esta ciudad, han desaparecido. La perdida es
hoy una certeza, a pesar de que cada quien la percibe de distinta manera.
Todos, hombres y mujeres, en esta ciudad perdieron algo.
¿Qué
perdiste con el atentado terrorista del pasado 11 de septiembre?, era
la pregunta. Estas son algunas respuestas.
"Yo perdí
a mi esposa Helen", contesta Mike, quien está sentado en una
de las bancas de Central Park. Son más de las cinco de la tarde
y se queda mirando el círculo que está en el suelo dedicado
a John Lennon que dice "Imagine". Comenta que desde el atentado
viene aquí a imaginarse un mundo distinto. "Para entender
un día mi perdida".
"Yo perdí
mi trabajo", contesta Sara Fishman. Tiene 35 años. Era vendedora
en una agencia de viajes en el Aeropuerto John F. Kennedy y mientras encuentra
"algo" está llenando los documentos para poder cobrar
el seguro de desempleo. "No me servirá de mucho, pero me dará
un tiempo para saber si me quedaré en esta ciudad o volveré
a California".
"Yo perdí
mis seguridades, mis certezas", menciona Michael Laarman. Tiene 40
años, trabaja en una firma de abogados en la parte media de Manhattan.
"Toda la vida había sentido que este país me daba seguridad.
Si estudiaba duro, podía conseguir un buen trabajo y si lo hacía
bien podía ascender, tener un mejor puesto. Con ello comprar una
casa, en fin, ya sabes. Pero ahora todo es diferente, no estoy tan seguro
de que así sea. Muchos pensaban lo mismo que yo, fueron a trabajar
un día y perdieron la
vida".
"Yo perdí
el departamento de mis sueños", comenta Ian Landgrave, diseñador
de modas, 34 años, quien recién se había mudado Liberty
Street, a una cuadra del Centro Mundial de Comercio, luego de haber esperado
que se desocupara un departamento por más de tres años.
"Ahora estoy viviendo en un hotel y estoy buscando un nuevo
departamento".
"Yo perdí
los prejuicios que tenía de los americanos", dice José
Antonio, español. Para él, la impresión que tenía
de los norteamericanos ha cambiado. "No puedo sentir la pérdida
como ellos, pero la manera en que han respondido, la solidaridad que se
han mostrado, el patriotismo e incluso la reacción bastante 'moderada'
del presidente norteamericano, a pesar de que personalmente estoy en contra
de los bombardeos, ha hecho que cambie la percepción que tenía
de esta sociedad", sostiene, quien
tiene cinco años trabajando como diplomático de su país
en Naciones
Unidas.
Más allá
de los dos edificios de 110 pisos cada uno, la certeza de que miles de
personas murieron, la seguridad de que los terroristas son 'despiadados'
y la ansiedad por la alerta que se vive tras los reiterados anuncios de
un inminente ataque bioterrorista, el sentido de pérdida personal
de los neoyorquinos los une en un solo rostro, y una certeza: "América
sigue en pie".
Fuente:
CIMAC
e-mail cimac@laneta.apc.org
http://www.cimac.org.mx
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