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Las Grietas de Norteamerica

 

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Norteamérica, unida por el dolor

Prevalecerá y fortalecerá a la sociedad

Por Sonia del Valle, enviada, (tercera de nueve)

Nueva York, OCT 12, 2001 (CIMAC).- “El 11 de septiembre el odio cambió nuestras vidas. En respuesta, millones de personas han mostrado su generosidad y su profundo sentido de unidad”. Esa frase se puede leer una y otra vez en los diarios y revistas de esta ciudad, al mismo tiempo que se transmiten comerciales en la televisión donde aparecen personas de todas las nacionalidades, razas y religiones diciendo: “Yo... soy americano”. Este es el rostro del espíritu de América.

Tras el colapso de las Torres Gemelas, lo primero fue buscar a los sobrevivientes. No todos podían hacerlo, pero sí podían ayudar a quienes lo hacían. Alrededor de los centros de ayuda como el del Ejercito de Salvación o la Cruz Roja se congregaron miles de personas para donar víveres, otras más hicieron filas por horas para donar sangre en los hospitales de la ciudad, mientras cientos de voluntarios de todas las
nacionalidades, principalmente latinos, acudieron a trabajar por las noches a la llamada Zona Cero, para sacar escombros en cubetas que pasaban de mano en mano.

Una de las que acudió a la Zona Cero, es Pola Díaz, mexicana que desde hace 16 años pertenece al Grupo de Rescate Internacional 19 de septiembre, mejor conocido como Los Topos. Ella, junto con otros nueve hombres, llegaron a los dos días del atentado.
Han trabajado por las noches, primero en la localización de sobrevivientes y ahora en remover escombros y la búsqueda de cadáveres en los restos de las Torres Gemelas.

“Nunca habíamos visto nada como esto”, señala al referirse, sobre todo al número de personas que murieron tratando de salvar a otras personas. Estos son los héroes de América, más de 300 bomberos y rescatistas que perdieron la vida al momento en que se colapsaron los edificios. Igualmente se crearon grupos de ciudadanos que se encargaron de buscar alojamiento temporal para las personas que vivían cerca de las Torres Gemelas o para quienes no pudieron regresar a sus casas la noche del 11
de septiembre, dado que los puentes y el ferry que llevan a Brooklyn, Queens o Long Island estaban cerrados.

En tanto, grupos de mujeres llegaban a los centros de ayuda con comida preparada para los rescatistas, los policías y bomberos que trabajan las 24 horas en los escombros de las Torres Gemelas, buscando sobrevivientes. Bertha Alvia, tiene 30 años viviendo en esta ciudad, aunque nació en Ecuador. Cuenta que lo primero que hizo, junto con su amiga Daisy Sinaragua, fue preparar comida para los rescatistas. “Preparamos unas ollas grandes de habichuelas, espagueti, pavo y las trajimos al Ejército de Salvación”. Desde ahí salen brigadas de personas que llevan los platos de
comida para quienes trabajan en la Zona Cero.

Una semana después del atentado, abiertos los accesos a la ciudad, así como restablecidas las rutas aéreas, llegaron de todos los puntos del país mujeres y hombres, a ofrecerse como voluntarios para canalizar o brindar sus servicios médicos sociológicos y de consejería para quienes padecían de alteraciones nerviosas o tenían síntomas postraumáticos.

Ahora se han canalizado a las personas a instituciones como el Mercy Corps, especializado en dar consejería y ayuda sicológica, especialmente para los menores, y la Organización Nacional para la Asistencia de las Víctimas.

Al pasar los días, por más esfuerzos que se realizaban en la zona de desastre no se encontraban sobrevivientes, los voluntarios comenzaron a recibir por parte de las familias de los desaparecidos las pruebas que solicitaba el servicio forense para la identificación de los cadáveres o partes de éstos.

Se clasificaron cepillos de dientes, de cabellos, actas de nacimiento, identificaciones oficiales y se abrieron expedientes de más de cinco mil personas. 15 días después del atentado comenzaron a expedir los certificados de defunción.

Durante todo este tiempo, la ayuda económica no se hizo esperar. Artistas y cantantes organizaron el Teletón. Un Tributo a los Héroes, que recolectó 100 millones de dólares. Se crearon el Fondo de Ayuda de Desastres de la Cruz Roja que ha recabado 190 millones de dólares: el Fondo 11 de Septiembre de la Fundación The United Way, que cuenta con más de 110 millones de dólares; el Fondo de las Torres Gemelas, el Fondo del Centro Mundial de Comercio, el Fondo de Ayuda para los
Bomberos 11 de Septiembre, el Fondo de los Héroes de América. En total, se estima que la sociedad norteamericana ha recabado más de 700 millones de dólares. Todo este dinero está en proceso de ser entregado a las familias de las víctimas y sobrevivientes del atentado terrorista.

El espíritu de América se puso a prueba. Para muchos, éste venció a los terroristas, prevalecerá y fortalecerá a esta sociedad; para otros, se desvanecerá por el sonido de las bombas que desde hace cinco días caen en suelo afgano, toda vez que se ha hecho justicia, “Dios bendiga América”.

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Los costos y sacrificios de la guerra

Por Sonia del Valle, enviada

Nueva York, OCT 15, 2001 (CIMAC).- “Al mismo tiempo que no quiero que mi papá vaya a la guerra, estoy dispuesta a entregárselo para luchar”, fueron las palabras que escribió una niña de cuarto año de primaria --cuyo padre está en el Ejército-- al presidente George Bush, las cuales éste leyó a la nación el día que anunció el bombardeo a Afganistán.

Y el presidente señaló: “Este es un regalo. El regalo más grande que la niña puede dar. Esta niña sabe qué significa ser de América. Desde el 11 de septiembre una generación entera de jóvenes americanos tienen un nuevo conocimiento sobre el valor de la libertad, sus costos y sacrificios”. Pero las palabras de esta niña no fueron las únicas que apoyaron el bombardeo de Estados Unidos a Afganistán. En los restaurantes, en las esquinas, en el Metro, las personas expresaban que “ya era hora”; que “Estados Unidos se había tardado en reaccionar contra los terroristas”. Otros, gritaron “vamos a derrotar a esos bastardos” y levantaron el puño en alto en señal de victoria, al conocerse el domingo 7 de octubre la noticia del bombardeo de Estados Unidos a Afganistán.

Y como entonces, el día de ayer, los trabajadores de la llamada Zona Cero, lugar donde se encontraban las Torres Gemelas, levantaron su puño, rindieron homenaje a las víctimas del atentado y recordaron que frente a la tragedia vivida y la maldad de Osama Bin Laden, sólo hay una respuesta: la guerra.

Este es el rostro de un país no sólo en guerra sino en alerta. Las manifestaciones de la misma se dejan ver en los cientos de soldados apostados en el Parque Battery, a unas cuadras de lo que fuera el complejo de edificios del Centro Mundial de Comercio; también se siente en las minuciosas revisiones que hace la policía cuando se cruzan los puentes hacia Brooklyn, New Jersey, Staten Island o Queens.

Así, mientras en el otro extremo del mundo la respuesta al terrorismo se hace con misiles, en esta ciudad la libertad no puede darse por sentada. Prevalece el estado de alerta máxima ante un posible ataque terrorista con armas biológicas. Ello ha llevado a reforzar las medidas de seguridad para entrar incluso a los museos, los hoteles de lujo y hasta el zoológico. Entrar al Empire State equivale a pasar más de tres horas en la fila
esperando las minuciosas inspecciones de los cuerpos de seguridad. Y el 75 por ciento de la población está dispuesta a ceder algunas de sus libertades a cambio de su seguridad, de acuerdo con las encuestas publicadas en los medios de comunciación.

Aún más, el estado de guerra en esta ciudad también se porta. Las personas llevan puesta orgullosamente una camiseta que se vende en las esquinas con el rostro de Osama Bin Laden y la leyenda, “se busca vivo o muerto” o una con la inscripción: “América responde” y en la imagen unos misiles cayendo en suelo afgano. Cada una vale tres dólares, dos por el precio de cinco.

Al lado del estado de guerra, está la alerta sobre los casos de Antrax aparecidos en los últimos días. El más reciente es el de un empleado de la cadena de televisión NBC.

Los especialistas han comenzado a informar a la población que deben estar vigilantes y preparados ante cualquier eventualidad. Esta será un manera de vivir en adelante.

Por su parte, el secretario de salud norteamericano, Tommy Thompson, señalo este fin de semana que siete mil equipos médicos y cuatro mil toneladas de medicamentos están en alerta para ser utilizados ante un eventual ataque terrorista.

Explicó en entrevista con la cadena de televisión Fox, que si bien las personas deben estar vigilantes, deben saber que el gobierno norteamericano cuenta con dos millones de dosis contra el virus de la viruela y dos millones y medio de vacunas contra el virus del Antrax. Dijo que este último no es mortal, y que se puede contrarrestar una vez que los primeros síntomas han aparecido, por lo que la población debe “estar tranquila y confiada que la nación está preparada”.

Y como dijo el presidente George Bush, en su mensaje del domingo 7 de octubre, día en que comenzó el bombardeo a Afganistán, “en los meses por venir, nuestra paciencia será nuestra mayor fortaleza. Deberemos tener paciencia y entender que llevará un tiempo alcanzar nuestras metas y comprender los sacrificios que ello conlleve.

Al lado del presidente, el 85 por ciento de la población norteamericana, más de 40 naciones que han dado la autorización a Estados Unidos para hacer uso de su espacio aéreo y su territorio en la guerra contra el terrorismo, y la consigna de que la paz y la libertad es un deber que conlleva sacrificios.

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La bandera norteamericana, presente en ropa y accesorios en señal
solidaria

Por Sonia del Valle, enviada ( sexta de nueve)

Nueva York, OCT 16, 2001 (CIMAC).- Banderas de todos los tamaños inundan la ciudad. Las casas, comercios, los autos, los aparadores de los grandes almacenes levantan la bandera norteamericana en señal de unidad, patriotismo y solidaridad. En las 13 estrellas blancas con fondo azul, y las rayas rojas y blancas está el símbolo de la patria que hoy defiende su libertad, su democracia y, por supuesto, un estilo de vida. Este el rostro de una nación que no se dejó vencer. Las personas colocaron orgullosamente la bandera de América en casas y negocios, unos en solidaridad, otros en señal de duelo y los más en señal de unidad. José Cruz Balleme, de Guinea Ecuatorial, porta en la solapa del traje una bandera que compró en una de las esquinas de esta ciudad. Lo hace “en solidaridad con el pueblo norteamericano”, señala.

En tanto, Marie Shenon, estudiante de fotografía de la universidad de Nueva York, viste pantalones con el dibujo de la bandera y una camiseta blanca. “Me duele lo que pasó, estoy profundamente consternada y cuando me pongo estos pantalones siento como si le dijera al mundo que América sigue en pie”.

Cualquier restaurante, no importa el tipo de comida que ofrece a sus comensales cuenta con una bandera en sus ventanas y en sus paredes. “La bandera significa estar en contra del “talismán” (sic)”, menciona un salvadoreno que ofrece pupusas en un restaurante en el Harlem hispano. Su nombre es José Acosta.

Del otro lado de la ciudad, una manta con la leyenda “Nos recuperaremos”, fue colocada en los escombros del Centro Mundial de Comercio, a su lado una bandera norteamericana ondea a lo alto y si uno levanta la vista hacia la parte alta de Manhattan puede observar de noche los colores azul, blanco y rojo, que iluminan el ahora edificio más alto de la ciudad el Empire State.

El azul, el blanco y el rojo son los colores de esta América que se recupera tras el atentado terrorista del pasado 11 de septiembre. Son los colores que se portan en camisetas, zapatos, cinturones, sombreros y todo tipo de accesorios, porque la recuperación de América también pasa por recuperar la economía de la ciudad, tal como pidiera el alcalde Rudolph Giuliani a los neoyorquinos. Y así se hizo.

Los grandes almacenes como Macys o Bloomigdales han puesto a la venta creaciones exclusivas con los colores de América, para que las personas vayan de “shopping”, pero por una buena razón. La recuperación de la ciudad.

Entre los objetos que uno puede encontrar está el libro de cabecera azul y blanco o el diario que cuestan 15 dólares. Ambos vienen con un marcador de libros en forma de estrellas azules y rojas y una pluma. Este tipo de objetos puede ser utilizado, tal como señala el promocional, para escribir crónicas de los eventos recientes, una especie de terapia ocupacional. También se puede encontrar a la venta los símbolos de la esperanza, de los diseñadores Ceciles y Jeanne. El diseño es una paloma de la paz en
plata que cuesta 78 dólares. Una de ésas la porta elegantemente la exprimera dama de la nación Hillary Clinton y la exsecretaria de Estado Madeleine Albright.

Aunque si lo que se quiere es algo más patriótico, se ha puesto a la venta un prendedor en cristal de Swarovsky en forma de corazón, en el que sobresalen el rayado de la bandera y las estrellas.

Tiffany, por su parte, sacó de su inventario una bandera norteamericana confeccionada en diamantes, rubíes y zafiros, que ha llamado “El hogar de los más valerosos”, haciendo alusión a los héroes de esta América que hoy portan orgullosamente el uniforme de bombero y policía.

Para lo menores, la empresa de juguetes Hasbro ha puesto a la venta sus nuevos modelos de muñecos GI Joe, en sus versiones de policías y bomberos, al lado sus patrullas y camiones de rescate. Desde 1969, la colección de muñecos de aventuras de GI Joe, está relacionada con el honor, el coraje, el respeto y el servicio que representan para los menores estos juguetes.

Y para quienes tienen un perro en casa, Ella Dish diseñadora de accesorios para mascotas, ha sacado a la venta, a manera de homenaje a los perros que trabajaron junto con los rescatistas en los primeros días después del atentado, una correa para este tipo de mascotas finamente decorada con estrellas y rayas rojas y azules, la cual se puede comprar a 40 dólares.

Todo ello sin olvidar que en las calles aledañas al Centro Mundial de Comercio decenas de vendedores ambulantes ofrecen prendedores de metal en forma de banderas a dólar; fotografías de las Torres Gemelas a 15 dólares; camisetas con la leyenda “Yo amo a Nueva York”, a cinco dólares; bufandas y guantes con el dibujo de la bandera para el invierno y mascadas para la cabeza, cualquiera a cinco dólares. La idea de recuperar la ciudad también pasa por estar a la moda.

 

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Grave el panorama económico después de los atentados terroristas
Ascenderá a 150 mmdd en los próximos dos años


Por Sonia del Valle, enviada (séptima de nueve)

Nueva York, OCT 16, 2001 (CIMAC).- El impacto económico en los próximos dos años, luego del atentado terrorista del pasado 11 de septiembre, ascenderá a 150 mil millones de dólares, de acuerdo con la información proporcionada por el gobierno de la ciudad.

Ese impacto incluye 34 mil millones de dólares por daños a inmuebles, tanto por la pérdida de las Torres Gemelas, como los daños a los edificios aledaños y 60 mil millones de dólares en costos económicos. Adicionalmente el alcalde de la ciudad, Rudulph Giuliani, señaló esta semana que el atentado le costó a la ciudad un mil millones de dólares en impuestos; en tanto que la cifra de personas desempleadas se elevará a 100 mil para junio del próximo año.

Hasta el momento han solicitado 17 mil personas los beneficios del seguro de desempleo. Los trabajadores más afectados son sobrecargos de las líneas aéreas, trabajadores de restaurantes, bares y vendedores de tiendas, boutiques y almacenes de ropa.

Por otra parte, de acuerdo con información publicada en el New York Times, el sucesor de Giuliani, que se elegirá en noviembre próximo, deberá hacer frente a un déficit presupuestario de alrededor de cuatro mil millones de dólares que se requerirán para recuperar la economía de la ciudad.

Por su parte, el sistema de Naciones Unidas, a través del departamento de Asuntos Económicos y Sociales, dio a conocer una evaluación preliminar sobre el impacto económico en el mundo, del atentado terrorista del 11 de septiembre.

El documento apunta que si bien "hasta la fecha no sólo es difícil hacer un análisis del impacto, dado que se desconoce la duración y los efectos de la campaña militar lanzada por Estados Unidos contra el terrorismo, se puede hablar de las distintas dimensiones económicas del atentado". La primera de ellas, señala, es el costo de la destrucción. En un solo día se perdieron 40 mil millones de dólares, ello sin tomar en cuenta el costo de las vidas humanas que se perdieron que no puede medirse en términos económicos.

Al costo de la destrucción hay que agregar la devastación de la infraestructura en Afganistán, el número de personas desplazadas y la ayuda humanitaria.

La segunda dimensión, apunta Naciones Unidas, es el costo por la interrupción de la economía. "El incidente causó un impacto directo en algunos sectores como el de turismo, aerolíneas, seguros, agencias de viaje, que bajaran sus estimaciones de ganancias en más de 10 puntos porcentuales al cierre del año".

Las estimaciones económicas también apuntan a una reducción de las tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto de los países. En promedio, a mediados de este año se tenía una estimación global de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2.4, después del atentado se prevé que el crecimiento no rebase el 1.4.

En el caso de Estados Unidos se estimaba que su tasa de crecimiento el PIB fuera del 1.8, ahora llegará al 1.0; el caso de la Unión Europea la estimaciones se preveían en 2.7, luego del atentado llegará al 1.0. Para las economías latinoamericanas se estima que ningún país crecerá más de 0.8 por ciento.

De acuerdo con los economistas de Naciones Unidas un factor clave para el funcionamiento y crecimiento de la economía, es la confianza, la cual se perdió después del atentado, dada la incertidumbre, primero de la respuesta de Estados Unidos y segundo la magnitud de la ofensiva militar y sus consecuencias.

"La confianza es clave para el desarrollo de nuevas inversiones y el consumo de servicios y productos, pero la pérdida de la misma no sólo se deriva del atentado en sí mismo, sino de la incertidumbre". Incertidumbre, que crece frente a un inminente ataque terrorista con armas biológicas.

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Cuando el cartero toca a la puerta, el terror aparece

Por Sonia del Valle, enviada (octava parte de nueve)

Nueva York, OCT 18, 2001 (CIMAC) (Octava parte).- Ha pasado más de un mes desde el atentado terrorista del 11 de septiembre y la pesadilla parece no terminar. En los medios de comunicación se puede leer casi todos los días un caso nuevo de ántrax. La palabra se ha vuelto una de las más pronunciadas y el temor aparece cuando el cartero toca a la puerta.

Tan sólo ayer se reportaron 122 casos de cartas o paquetes sospechosos. Ello sin tomar en cuenta que el cartero llegó hasta las puertas del Senado y a los medios de comunicación de esta ciudad.

En respuesta el alcalde de la ciudad, Rudolph Giuliani, hizo un llamado a la población a mantener la calma.

En conferencia de prensa Giuliani señaló que un ataque terrorista masivo a la ciudad con ántrax es un riego "bastante bajo" y dijo que más de 500 personas se han hecho las pruebas de laboratorio, las cuales han resultado negativas.

Pero la alarma continuó. Ayer, en la calle 40 y la segunda avenida hubo gran conmoción y revuelo, tras reportarse la existencia de polvo de ántrax en las oficinas del gobernador George Pataki, las cuales fueron evacuadas y cerradas temporalmente.

De acuerdo con la información proporcionada por el departamento de policía, también los medios de comunicación ha sido blanco de este tipo de incidentes.

El primero que se registró fue el viernes de la semana pasada y hasta el momento es el único caso que ha dado positivo en las pruebas de
laboratorio.

Se trata del asistente personal del periodista Tom Brokaw de la cadena de televisión NBC, quien se contagio con el virus luego de abrir una carta fechada el 18 de septiembre.

El New York Times cerró parte de sus oficinas después de que se regó el polvo que contenía una carta dirigida a la periodista Judith Miller. Las pruebas de laboratorio indicaron que el polvo no era ántrax.

La cadena de televisión ABC, el New York Post, Newsweek, Bloomberg News Service han reportado haber recibido cartas cuyo contenido es un polvo fino y obscuro, por lo que aquellos empleados que tuvieron contacto con las mismas han tenido que realizarse los exámenes de laboratorio para comprobar si contrajeron el virus. Hasta el momento ninguno ha sido positivo.

Después de haberse reportado cartas con polvo sospechoso en estos medios de comunicación, la policía realizó inspecciones y chequeos a las redacciones del diario Daily News, las oficinas de CNN y Fox News y las de Associated Press. Hasta la fecha no se ha reportado ningún incidente.

¿Pero qué es el ántrax?

El ántrax es causado por una bacteria conocida con el nombre de Bacillus Anthracis. Esta bacteria puede infectar los pulmones, la piel y el sistema gastrointestinal. Los síntomas aparecen por lo general entre 12 horas y cinco días después de la exposición a la misma. La enfermedad no es contagiosa y la vacuna para tratar la enfermedad es bastante efectiva.

En la pagina web del Departamento de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos se explica que son tres las formas de contagio. Una de ellas, la más peligrosa, es a través de la inhalación de las esporas de ántrax.

Inhalar el ántrax causa una severa infección en los pulmones, lugar donde la bacteria comienza a germinar y liberar sustancias tóxicas que van matando las células de los mismos, por lo que posteriormente este fluido tóxico llega al torrente sanguíneo, lo que causa dificultad para respirar y bloquea el suministro de oxigeno. Finalmente la persona tiene un paro respiratorio, entra en coma y muere.

Siempre que se diagnostica a tiempo, la persona que ha inhalado las esporas puede salvarse, sin embargo la mayoría de este tipo de casos que se tienen registrados han sido fatales.

La segunda vía de contagio es la gastrointestinal. Por lo general la persona se infecta cuando ingesta carne contaminada de animales infectados. Esto produce un sangrado interno en el estomago lo que envenena la sangre. Sin el debido tratamiento con antibióticos, la enfermedad puede causar la muerte de la persona.

El tercer tipo es el ántrax cutáneo. Es el tipo más común, dado que el 95 por ciento de los casos registrados de ántrax en el país, han sido cutáneos.

Este tipo de ántrax se esparce en la piel cuando la persona entra en contacto con el tejido infectado de algún animal. Aparece como una lesión en la piel semejante al de una picadura de mosquito con una costra negra. Esta enfermedad produce dolores de cabeza, fiebre, nausea y vomito.

A pesar de la alarma que ha causado el tema del ántrax lo que ocupa las primeras planas de los diarios y la televisión, relegando cualquier información relacionada con el bombardeo en Afganistán a un segundo plano, una persona debe inhalar entre ocho mil y 10 mil esporas para poder contraer la enfermedad.

De acuerdo con los expertos entrevistados en los medios de comunicación, "los terroristas no pueden simplemente abrir un frasco de esporas de ántrax en el Metro o rociarlas en la ciudad e infectar a miles de personas. Crear la bacteria en forma de polvo requiere de un procedimiento altamente sofisticado, que no puede hacerse en laboratorios caseros".

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Las imágenes de la pérdida, en la memoria de los estadounidenses


Por Sonia del Valle, enviada

Nueva York, OCT 19, 2001 (CIMAC / Novena y última parte).- Las fotografías de quienes perdieron la vida en el atentado terrorista del pasado 11 de septiembre poco a poco comienzan a desaparecer de entre las paredes donde fueron colocadas.

Las miles de hojas con las fotografías de personas desconocidas para la mayoría quedaron registradas en los diarios, en las paginas de Internet, en las cintas de video de las cadenas de televisión o en la memoria de quienes se detuvieron a conocer los rostros detrás de las cifras. Estos rostros eran las imágenes de la pérdida.

A 38 días del atentado terrorista, la imagen de la pérdida no sólo se refleja en esos rostros o en el hecho de que las Torres Gemelas, uno de los símbolos de esta ciudad, han desaparecido. La perdida es hoy una certeza, a pesar de que cada quien la percibe de distinta manera. Todos, hombres y mujeres, en esta ciudad perdieron algo.

¿Qué perdiste con el atentado terrorista del pasado 11 de septiembre?, era la pregunta. Estas son algunas respuestas.

"Yo perdí a mi esposa Helen", contesta Mike, quien está sentado en una de las bancas de Central Park. Son más de las cinco de la tarde y se queda mirando el círculo que está en el suelo dedicado a John Lennon que dice "Imagine". Comenta que desde el atentado viene aquí a imaginarse un mundo distinto. "Para entender un día mi perdida".

"Yo perdí mi trabajo", contesta Sara Fishman. Tiene 35 años. Era vendedora en una agencia de viajes en el Aeropuerto John F. Kennedy y mientras encuentra "algo" está llenando los documentos para poder cobrar el seguro de desempleo. "No me servirá de mucho, pero me dará un tiempo para saber si me quedaré en esta ciudad o volveré a California".

"Yo perdí mis seguridades, mis certezas", menciona Michael Laarman. Tiene 40 años, trabaja en una firma de abogados en la parte media de Manhattan. "Toda la vida había sentido que este país me daba seguridad. Si estudiaba duro, podía conseguir un buen trabajo y si lo hacía bien podía ascender, tener un mejor puesto. Con ello comprar una casa, en fin, ya sabes. Pero ahora todo es diferente, no estoy tan seguro de que así sea. Muchos pensaban lo mismo que yo, fueron a trabajar un día y perdieron la
vida".

"Yo perdí el departamento de mis sueños", comenta Ian Landgrave, diseñador de modas, 34 años, quien recién se había mudado Liberty Street, a una cuadra del Centro Mundial de Comercio, luego de haber esperado que se desocupara un departamento por más de tres años. "Ahora estoy viviendo en un hotel y estoy buscando un nuevo
departamento".

"Yo perdí los prejuicios que tenía de los americanos", dice José Antonio, español. Para él, la impresión que tenía de los norteamericanos ha cambiado. "No puedo sentir la pérdida como ellos, pero la manera en que han respondido, la solidaridad que se han mostrado, el patriotismo e incluso la reacción bastante 'moderada' del presidente norteamericano, a pesar de que personalmente estoy en contra de los bombardeos, ha hecho que cambie la percepción que tenía de esta sociedad", sostiene, quien
tiene cinco años trabajando como diplomático de su país en Naciones
Unidas.

Más allá de los dos edificios de 110 pisos cada uno, la certeza de que miles de personas murieron, la seguridad de que los terroristas son 'despiadados' y la ansiedad por la alerta que se vive tras los reiterados anuncios de un inminente ataque bioterrorista, el sentido de pérdida personal de los neoyorquinos los une en un solo rostro, y una certeza: "América sigue en pie".

Fuente: CIMAC
e-mail cimac@laneta.apc.org
http://www.cimac.org.mx

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